Por Juliana Jaimes Vargas

La pandemia, causada por el SARS-CoV-2, ha cruzado las fronteras de más de 143 países. Sin embargo, potencias en desarrollo tecnológico, como China y Corea del Sur, cambiaron las tareas de artefactos ya inventados para contrarrestar el brote que ha dejado más de 7000 muertos en el mundo.

Países como China y Corea del Sur han convertido la tecnología en su primer aliado para evitar la propagación de contagios del Covid-19. AFP

La última vez que la Organización Mundial de la Salud (OMS) utilizó la categorización de “pandemia” fue en 2009 cuando la gripe porcina (H1N1) llegó a cerca de 35 países. Hoy, once años después, un contagio masivo vuelve a aparecer en el mundo, pero la tecnología -que implementó mayores desarrollos desde entonces- se ha convertido en una herramienta fundamental, utilizada por algunos gobiernos para intentar contener el impacto del nuevo coronavirus que hasta el momento ha causado más de 180.000 contagios y por lo menos 7000 muertes.

Desde que se reportó el primer caso de contagio, el pasado 31 de diciembre de 2019 en Wuhan (China), los principales países que registraron los mayores casos de Covid-19 utilizaron como principal herramienta de contención a la tecnología, representada en aplicaciones móviles para detectar la gravedad de los síntomas, el teletrabajo y las clases virtuales gracias a sistemas de videollamadas, drones que esparcen desinfectante o vehículos autónomos que llevan suministros médicos.

En el caso de China, país donde se dio el primer contagio, la tecnología comenzó a ser crucial apenas unos días después de poner en marcha los protocolos de seguridad sanitaria. Por ejemplo, desde el 4 de febrero empezaron a funcionar los drones “Agras” que rociaron con desinfectante, hecho a base de clorina o alcohol etílico, las principales zonas afectadas. “Los drones pueden mejorar notablemente la forma en que China pretende erradicar el virus en áreas públicas: pueden cubrir mucho más terreno que los métodos tradicionales, mientras reducen el riesgo de los trabajadores quienes, de otra manera, potencialmente pasarían más tiempo expuestos tanto al virus como al desinfectante”, señaló a través de un comunicado DJI, la empresa de tecnología China que utilizó los drones.

Otra de las preocupaciones del gobierno chino era el flujo de contagio que podían causar actividades comunes como la entrega de domicilios. Por ello, la empresa Meituan Dianping, un sitio web de entrega de alimentos de Beijing, introdujo en varios restaurantes asociados a la aplicación, robots programados para llevar alimentos solicitados. También, Pudu Technology, con sede en Shenzhen, una compañía que generalmente fabrica robots para la industria de la restauración instaló sus máquinas en más de 40 hospitales de todo el país para ayudar al personal médico.

En el país asiático con más de 3.100 muertes reportadas, elementos cotidianos como el transporte público se convirtieron en una potencial amenaza. Por ello, en ciudades como Pekín y Shanghái, las empresas empezaron a utilizar Rayos Ultravioletas (UV) para desinfectar los asientos, tubos y ventanas de los automóviles. La empresa de transporte público de Shanghái, Yanggao, convirtió un túnel de lavado clásico para autobuses en una zona de desinfección equipada con 120 tubos UV. Este nuevo proceso reduce la duración de la operación de 40 a 5 minutos. “Desde el comienzo de la epidemia se buscaba un medio de desinfección más eficaz, en términos de mano de obra y de coste”, explicó a la AFP, Qin Jin, director general de la compañía.

El antiguo procedimiento requería de la presencia constante de dos empleados. Antes de limpiarlo, rociaban líquido desinfectante en el vehículo. “El problema es que a veces no llegábamos a ciertos rincones”, explicó Qin. Yanggao se asoció con un proveedor de sistemas de difusión ultravioleta, con el que desinfecta parte de su flota. La empresa china tiene dos espacios en los que se pueden tratar más de 250 autobuses al día, de los 1.000 que cuenta la compañía de transporte.

Aunque el procedimiento ha resultado efectivo, la Organización Mundial de la Salud recomienda tener un tratamiento cuidadoso con los rayos UV pues pueden llegar a causar cáncer cuando tiene un contacto inadecuado con la piel. Si bien los rayos ultravioletas no suelen utilizarse en el transporte, “no hay razón para que no funcione” en este sector, señaló Paul Tambyah, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad Nacional de Singapur.

Por ahora se sabe que la medida ha resultado efectiva y no se han reportado consecuencias adversas. “Los rayos UV son muy utilizados en los hospitales para desinfectar las habitaciones de los pacientes después de su salida. Esto permite matar a los patógenos resistentes a los antimicrobianos, la tuberculosis y otros agentes infecciosos”, agregó a la AFP Tambyah.

China es, sin duda, una potencia mundial en tecnología y en tiempos de crisis supieron poner a su servicio la tecnología que desde años atrás los ha convertido en los principales referentes de desarrollo mundial. “En la batalla contra Covid-19, hay diversas tecnologías emergentes que han realizado inmensas contribuciones de una manera inesperada, creativa y sorprendentemente receptiva”, señaló, semanas atrás a la BBC, Lu Chuanying, un alto funcionario de Global Cyberspace Governance.

Big data y aplicaciones contra la pandemia

El caso de Corea del Sur es también uno de los más renombrados pues, aunque llegó a ser uno de los lugares con mayores infectados, junto con China, Italia e Irán, el número de fallecidos representa una tasa de mortalidad del 0,6% una cifra menor que la de EE. UU. que registró su primer caso el mismo día que el país de Asia oriental.  El diagnostico temprano masivo ha sido una de las principales razones que han permitido tener el control de la situación, y para ello, las aplicaciones y el análisis de big data han sido cruciales.

Las aplicaciones para seguir los casos de coronavirus en Corea del Sur han estado durante semanas dentro de las más descargadas en Google Play. La app Corona100m, por ejemplo, advierte a los usuarios cuando se encuentran a menos de 100 metros del lugar donde ha estado un paciente confirmado con coronavirus, los desarrolladores de esta herramienta digital informaron en febrero que su aplicación había sido descargada más de un millón de veces.

En el caso de China, también se implementó una aplicación, llamada Alipay Health Code, para teléfonos móviles creada por departamentos gubernamentales y la Corporación de Tecnología Electrónica de ese país. La aplicación solicita a los usuarios su nombre y número de identificación y automáticamente genera un código QR que servirá como “semáforo” para detectar casos sospechosos.

¿Cómo funciona?, cada día los usuarios deben responder preguntas con referencia a su temperatura, los lugares visitados en los últimos 14 días, síntomas y el contacto con otros afectados. Al finalizar la información la aplicación suelta tres colores: verde si no hay peligro; amarillo para quienes han visitado zonas de riesgo durante los 14 días previos y rojo para quienes deben permanecer en cuarentena.

¿Y la privacidad?

Aunque la visión que se tiene en occidente del tratamiento masivo de datos en sistemas virtuales termina siempre en el histórico debate por la privacidad, para las culturas orientales es una situación normalizada. Carolyn Bigg, abogada de la firma DLA Piper en Hong Kong, le dijo a la BBC hace unas semanas que “tanto en China como en Asia, los datos no son considerados como algo que deba ser bloqueado, sino como algo que puede usarse siempre y cuando se haga de forma transparente, con consentimiento. Desde la perspectiva china, es un servicio realmente útil para las personas. Se trata de una herramienta poderosa que muestra cómo la información puede usarse para hacer el bien”, añadió Bigg.

Sin embargo, el periódico estadounidense The New York Times, por ejemplo, afirmó que la aplicación Alipay Health Code estaría compartiendo información con la policía. Incluso, muchos aseguran que estas aplicaciones de salud obtienen datos de operadores de telefonía, agencias de salud y transporte, así como de empresas estatales. “La privacidad ya se estaba convirtiendo en algo del pasado en China. Un brote como este solo acelerará ese proceso”, expresó a la BBC, Elliott Zaagman, que cubre la industria tecnológica en China.

El pasado 8 de marzo se lanzó en el país la aplicación de descarga gratuita llamada CoronApp – Colombia que, según el presidente Iván Duque, “permitirá a los colombianos tener información en la palma de su mano respecto a temas que salgan de última hora y de medidas preventivas” sobre el coronavirus. La plataforma tiene en el despliegue de inicio las noticias recientes del Instituto Nacional de Salud (INS) y permitirá que colombianos y viajeros reporten su estado de salud como parte integral del monitoreo de síntomas que permita la detección rápida de casos.

Según informaron las autoridades, CoronApp además ofrecerá información puntual sobre otras enfermedades, sus síntomas y tratamientos, así como las líneas y puntos de atención más cercanos gracias a la geolocalización. Aunque ya cuenta con más de 57.000 descargas, son frecuentes los comentarios de los usuarios por su mal funcionamiento y las quejas en redes sociales porque no permite el registro e ingreso. El intento de Colombia de montarse a la ola de la tecnología no se puede comparar con potencias como China o Corea del Sur, pero sí deja una idea en el aire, una premisa que denota tal vez, un futuro cambio en la mentalidad de un país que puede, en la medida de sus posibilidades, empezar a hacer un uso más activo de las herramientas que hasta el momento han cambiado la historia de una nueva pandemia.