Ahorrar miles de euros y salvar vidas, todo ello haciendo el trabajo diez veces más rápido. No es ninguna utopía. Es el resultado de proyecto del programa Horizonte 2020 Aeroarms, al frente del cual está Aníbal Ollero Baturone, director del Laboratorio de Robótica GRVC (Grupo de Robótica, Visión y Control) de la Universidad de Sevilla. Ollero Baturone es también asesor científico del Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales, Fellow del IEEE e investigador principal de la ERC Advanced Grant GRIFFIN. Hoy recibirá de manos de SM el Rey Felipe VI, el Premio Rey Jaume I en la categoría de Nuevas Tecnologías.

La entrega de la trigésimo primera edición de los premios, dotados con 100.000 euros en cada una de sus seis categorías y en los que se reconoce a científicos, tecnólogos y emprendedores españoles, se celebra a las 12 del mediodía en la Loja de los Mercaderes de Valencia.

El jurado del premio de Nuevas Tecnologías destaca “la inestimable capacidad de Aníbal Ollero para combinar la excelencia en la investigación y la innovación tecnológica, con la transferencia de tecnología a las empresas en el campo de la robótica aérea”.

“Este galardón nos sirve de estímulo para mí y para todo nuestro grupo para intentar seguir mejorando nuestros logros que creo que han sido logros científicos combinados con desarrollo de algunas tecnologías que han sido innovadoras en el mundo y también alguna transferencia de tecnología a las empresas”, explica Ollero tras conocer el fallo.

¿En qué consiste la robótica aérea?

Es la combinación de vehículos aéreos no tripulados con funciones inteligentes, que hagan que estos robots aéreos puedan interaccionar con su entorno. Y en el caso del proyecto Aeroarms se va un paso más allá: “No es solamente adquirir una información del entorno sino incluso ser capaz de actuar sobre el entorno y en particular de manipular mientras se vuela. Esto es realizar, por ejemplo, una instalación con la suficiente precisión mientras se vuela o tomar unas medidas haciendo un contacto con lo que es se pretende medir, estas son actividades que hemos realizado quizás por primera vez”, explica.

Este proyecto, coordinado por Ollero, es un connsorcio de diez socios: universidades, centros de investigación y empresas de cinco países europeos.  Comenzó el 1 de junio de 2015 y los resultados son destacables, “innovadores a nivel mundial”, en sus propias palabras. Tanto en el desarrollo de la propia tecnología de la manipulación robótica aérea como en su aplicación a la inspección y el mantenimiento. Y eso se aplica tanto a las instalaciones industriales como a las infraestructuras, por ejemplo a los puentes.

“Creo que tenemos un papel de liderazgo en España y en el mundo en la robótica aérea de manipulación y en su aplicación a la inspección y el mantenimiento. Nos dirigimos fundamentalmente a realizar trabajos que cuando los hacen los humanos son trabajos en altura peligrosos y que también pueden hacerse desde aeronaves pero comporta un cierto riesgo. Estos trabajos pueden realizarse, además, en mucho menos tiempo y con mucho menos coste de lo que se realiza actualmente”, apunta.

¿Drones por humanos?

“No se trata de sustituir al operador humano se trata de trabajar con las personas y para las personas. La mejora de la fiabilidad de estos robots aéreos es un reto permanente y más lo va a ser en el futuro en el cual para poder realizar estas aplicaciones es necesario hacer un análisis de riesgo y demostrar su funcionamiento en múltiples condiciones de trabajo”, responde.

El reto, crear ‘pájaros’

El reto es el desarrollo de una nueva generación de robots aéreos, drones, que sean capaces de volar como los pájaros, bioinspirados, que además puedan planear, puedan utilizar mejor las corrientes de viento, como lo hacen en las aves, sean también capaz de posarse en una cornisa o sobre una barra de forma automática, tengan toda la electrónica embebida en el cuerpo y que sean más seguros para la interacción con las personas.

Un caso de éxito

En el proyecto Aeroarms se han desarrollado los primeros manipuladores aéreos que se han probado industrialmente en fábricas tanto en refinerías como en una fábrica de cemento con éxito para medir el espesor de las paredes de las tuberías y detectar grietas. El resultado es un mantenimiento más eficiente en menos tiempo y con mucho menos coste. Ollero valora en 700.000 euros el ahorro anual que podría conseguirse en una refinería y realizando el trabajo diez veces más rápido.

En busca de la colaboración privada

“Hoy día la competencia es en todo el mundo y necesitamos que nuestros sistemas se transformen en productos industriales en corto plazo de tiempo para poder competir”, reconoce. Por eso confía en que estos pasos que faltan para convertir en productos industriales estos desarrollos tecnológicos que han sido los primeros en el mundo se haga con la colaboración de las empresas españolas “a la mayor brevedad posible”. Aunque tampoco se olvida de lo público: “El apoyo de las instituciones públicas siempre es algo que es de agradecer en todos los niveles del proceso de creación desde la investigación básica hasta convertir en un producto industrial”.

100 personas con una media de edad de 30 años

El proyecto está formado por unas 100 personas de las cuales en la universidad hay unos 75 y las otras 25 colaboran desde el Centro Avanzado de Tecnologías Aeroespaciales CATEC. “Es un grupo numeroso y joven, de alguna manera el tener gente muy joven es necesario para poder innovar la media será poco superior a los 30”, añade.

El siguiente reto de la solución creada es aplicarla en sitios confinados en los que no hay ninguna señal de posicionamiento por satélite y en los que además existen problemas de comunicaciones, con el objetivo de abarcar todo espectro de posibles aplicaciones. No se olvidan tampoco de la logística, tanto en el ámbito industrial dentro de una fábrica o como en aplicaciones urbanas.

“La investigación y el desarrollo tecnológico en estas nuevas generaciones de drones estará consolidada y por otra tendremos aplicaciones que realmente transformen la forma de realizar algunos trabajos que en este momento todavía no se pueden realizar. Pero que con el nuevo marco normativo será posible realizarlas”, augura.

“Un premio de todo el equipo”

Ollero agradece el galardón y se congratula de su existencia: “Creo que este premio se concede no sólo a una persona sino a un equipo de trabajo en la Universidad de Sevilla y el centro avanzado de tecnologías aeroespaciales. Este equipo es el que ha logrado estos logros en la robótica aérea y el que creo que es el merecedor al premio.”